|
Mauro Silva
Mauro Silva, señor y caballero
© R.C. Deportivo de La Coruña 2005. Todos los derechos reservados
Mauro da Silva Gomes, para el aficionado Mauro Silva, es la caballerosidad aplicada al fútbol.
Elegante dentro y fuera del césped, ha decidido finalizar su carrera en el Deportivo.
Será en junio de 2005 y tendrá casi 38 años. Para entonces le gustaría sumar algún título
a los 6 que figuran a su espalda en forma de dorsal. Mauro explica en primera persona, a
modo de carta abierta a la afición, por qué ha renovado su contrato y por qué el
deportivismo debe renovar su compromiso con el Club en el proceso de venta de acciones
aprobado por la Asamblea.
No hay mayor triunfo para un deportista que la
estima del público. Ésta es mi mayor riqueza y a
ella me debo con la lealtad de un guardián. Así
las cosas, no podía dejar pasar la posibilidad de dirigirme
directamente al deportivismo a través de estas líneas. La coincidencia
de mi ampliación de contrato con la aprobación de una
nueva ampliación de capital por parte de la Asamblea de Socios
constituyen el motivo de esta carta abierta. Ambas situaciones
me han movido a sentarme en un escritorio, una faceta
que no es la mía, pero la causa se lo merece. Confío,
por tanto, en vuestra generosidad como lectores.
“Me pedisteis que ampliase
mi contrato y yo os pido
ahora que amplieis el
vuestro con el Club
aumentando el capital”
Cuando el Club me planteó la posibilidad de
ampliar mi contrato, barajé todas las opciones a
mi alcance. El reto que debía afrontar se resume
en una pregunta bien simple: ¿Cómo
ponerle el punto final a mi carrera profesional?
Es decir: ¿Cómo hacer desaparecer
al futbolista que todos conocen y
sumarse a los aficionados que animan
desde la grada? O más simple todavía:
¿Cómo cambiar el pantalón corto
por el largo? Consulté, como suele
decirse, con la almohada. Repasé cada
capítulo de mi trayectoria futbolística,
desde la alegría que representan los títulos
logrados con el R.C. Deportivo o el
campeonato del Mundo que ganamos en
Estados Unidos con Brasil, al sufrimiento
físico y mental que conllevan las lesiones.
La experiencia resultó francamente dura:
es muy difícil tomar una decisión de este
tipo para cualquier profesional que organiza
su agenda diaria en función de un balón.
“La clave del éxito de los últimos años ha sido la comunión entre Consejo, plantilla y afición. No debemos perder ese tesoro”
Uno se toca el muslo y quisiera que sus piernas resistiesen hasta el último día.
Aún así, admito que nunca pensé que podía llegar tan lejos ocupando una demarcación
tan exigente como la de medio centro. Una trayectoria tan dilatada -al fin
y al cabo me retiraré como 37 años y medio- incluso ha supuesto una sorpresa
para mí.
Siempre he admirado a ese tipo de personajes que han tenido la capacidad de
m a rcar una época en su ámbito, bien sea un club de fútbol, un gobierno, una
empresa... Así que yo trato de darlo todo por el Deportivo dentro del terreno de
juego e intento mantener la coherencia fuera de él. El fútbol es una deporte muy
atractivo, como todos los que generan sentimientos, pero por el mismo motivo
está lleno de tachuelas. Lo que me han visto hacer y decir durante todos estos
años es lo que soy. No hay más. Ustedes juzgarán al Mauro Silva futbolista cuando
no suene su nombre por megafonía, pero lo que nunca podrá cuestionarse o
someterse a juicio es el cariño que he recibido desde que me enfundé por primera
vez la camiseta blanquiazul allá por 1992. La Coruña, Galicia, España... me
habéis tratado como al mejor de vuestros hijos, y yo he querido devolveros todo
ese cariño dejándoos lo mejor que sé hacer: jugar al fútbol. El último día que me
vista como jugador será con el uniforme del Deportivo de La Coruña. Entonces,
en junio de 2005, estaré a mitad de camino entre los 37 y los 38 años y no volveré
a ponerme otra camiseta como profesional. El Deportivo es mi orgullo y el
equipo de mi vida.
“La ampliación de capital es una final en la que jugamos todos. Yo saldré a ganar. Espero que la hinchada también”
El seis es un buen número para mí. Llevo el seis en la camiseta y es el número
de títulos que he ganado con el Deportivo hasta la fecha. Sería excepcional despedirse
con el séptimo, pero... ¿quién nos lo iba a decir hace doce años? Si me
preguntaran cuál es la razón del éxito cosechado durante estos años, respondería
que la comunión existente entre el Consejo, la plantilla y la afición ha sido decisiva
para mantener nuestra línea de triunfos y no arrugarse en los momentos
duros. No debemos perder ese tesoro.
Por este motivo, me gustaría hacer un llamamiento al deportivismo para que
se conciencie del triunfo que supondría abordar con éxito la nueva ampliación de
capital. Se trata de un partido al que estamos todos convocados y en el que nos
jugamos la estabilidad de una institución que ha paseado el buen nombre de La
Coruña, Galicia y España por todo el mundo.
Jugar, vencer, empatar, recuperarse de las derrotas... exige un esfuerzo colectivo.
Aunque se base en una suma de voluntades individuales, nada será posible
en el fútbol si no se afronta con mentalidad de conjunto. En un deporte que
requiere grandes dosis de solidaridad y confianza, todo está íntimamente ligado:
desde la habilidad de once hombres sobre un rectángulo de juego, a la inteligencia
del Consejo directivo o el empuje de la masa social. La ampliación de capital
es como si disputásemos la final de la Liga de Campeones. La única diferencia es
que en este partido el Deportivo se enfrenta a sí mismo. De nosotros depende
ganar o perder un encuentro que marcará nuestro destino como deportivistas.
¿Con qué espíritu saldremos a un terreno de juego disfrazado de mercado de
acciones? ¿Vamos a jugar con todo? ¿Vamos a cumplir el expediente? ¿Nos quedaremos
derrotados en nuestra propia casa? Yo jugaré a ganar. Espero que la hinchada
también. Me pedisteis que ampliase mi contrato y yo os pido ahora que
amplieis el vuestro con el Club del que sois abonados y propietarios.
Mucha gente me pregunta por qué no he seguido hasta el Centenario. Hay dos
motivos. El primero es que sería una temeridad continuar hasta 2006. Mi idea es
mantener el nivel de competencia que siempre me he exigido hasta el último
minuto. El segundo motivo es que siempre estaré presente en el Club. Directa o
indirectamente, en España o Brasil, siempre estaré unido al Dépor. Donde ponga
mi corazón, en este caso mi sombrero, allá estará el Real Club Deportivo de La
Coruña .
La principal diferencia entre Mauro y esas figuras de museo y piedra que adornan las avenidas es que el corazón del pivote deportivista pertenece a la hinchada, y su busto a la imaginería popular. “Soy parte de la grada”, ha manifestado el jugador en varias ocasiones, como si el aficionado blanquiazul participase en cada una de sus recuperaciones de balón o fuera el aliento de la afición el que discutiera caballerosamente con el árbitro. A diferencia de los demás estadios, la hinchada de Riazor juega con el número seis, que siempre ha sido la mitad de doce.
Ahora que corren buenos tiempos, los mejores de la historia blanquiazul, las piernas de este centrocampista brasileño son como estilográficas que narran la última década deportivista. Nadie mejor que este cronista del medio campo para describir el capítulo actual de gestas y valorarlo en su justa medida, sin perder el resuello del juego ni la estela del pasado.
Mauro Silva ha esperado hasta los 36 años para anunciar la fecha en que disfrutará de los ahorros. Y aunque todavía le quedan unos cuantos balones que perseguir en Riazor, no sabemos si acabará impartiendo magisterio sobre los campos rapados de Brasil, entre críos que construyen el futuro con regates de favela y sin dibujos animados. Sería un excelente ministro para Lula da Silva, él, la mejor pieza defensiva de la medular marcándole goles a la injusticia.
Elegante como Sidney Poitier, fuerte como Denzel Washington, sólo le falta un Mustang rojo en la puerta del estadio. En el vestuario y en la sala de prensa sus palabras son tan respetadas como si viniesen del mismísimo Luther King.
A diferencia de esos medios industriales que pueblan hoy los equipos, mejores anunciantes de videojuegos que futbolistas, Mauro es la contención elevada a la categoría de arte, el único capaz de desquiciar a Zidane y sonreir a la manera de Sammy Davis junior.
Mauro da Silva Gomes, mito viviente y orgullo blanquiazul. Tras la reverencia con que vamos a dispensarle cada vez que haga acto de presencia en nuestro salón de Riazor, entonaremos O Miudiño con acento de Río de Janeiro. Sin recepciones oficiales.
“Elegante como Sidney Poitier, fuerte como Denzel Washington,
sólo él puede desquiciar a Zidane y sonreir como Sammy Davis Jr”
El mito surge de una muerte temprana, un lance sublime o
por los galones que concede el paso del tiempo. En esta época de intermediarios
adinerados y plantillas multiétnicas, trece campañas sin cambiar de escudo
son muchos años. A los futbolistas como Mauro Silva deberían entronizarlos
con la camiseta.
Coração de guerreiro
Por Mariana Quaranta
Gazeta Esportiva .Net
Quando o guerreiro Mauro Silva entra em campo a torcida já
sabe o que vai encontrar: seriedade, vibração,
marcação severa e fôlego, muito fôlego.
Afinal, é tentando ser o dono do meio-de-campo que
esse volante se destaca ao transformar a cada partida o adversário
em combatente e a bola em sua eterna companheira nas conquistas
pelos gramados.
Ao longo da carreira esse paulista, nascido na cidade de
São Bernardo do Campo no dia 12 de janeiro de 1968,
pôde saborear os prazeres de erguer taças inesquecíveis
e receber a confiança de milhões de brasileiros.
Na gangorra do futebol, este mesmo Mauro Silva foi ironicamente
humilhado e jogado de lado após uma séria contusão
no joelho, logo no início da carreira: o Guarani, dono
do seu passe na época, havia emprestado Mauro Silva
ao Bragantino após uma operação. Depois
de quatro partidas em novo clube, o volante voltou a se machucar
e precisou realizar outra cirurgia no joelho. "Depois
que fui para o Bragantino, em 1989, pensei em abandonar o
futebol", lembra.
Mas um encontro no mundo do esporte o fez desistir dessa
idéia. Wanderley Luxemburgo, então técnico
da equipe de Bragança Paulista, apostou no talento
e na raça do volante para deixar esse passado de contusões
para trás e começar a construir uma carreira
de prestígio e muitas conquistas.
Do Bragantino para o mundo Quem vê o volante
Mauro Silva marcando um adversário sabe que o trabalho
que ele faz dentro das quatro linhas é insaciável:
é uma entrega às cores da camisa que está
vestido com grande determinação, tanto nas vitórias
quanto nas derrotas. E se para muitos as portas do sucesso
se abrem quando o clube é grande e a torcida gigantesca,
Mauro Silva mostra que é com competência e trabalho
duro que um jogador pode brilhar mesmo em equipes consideradas
pequenas.
Com o Bragantino, conquistou primeiro o Campeonato Brasileiro
da Segunda Divisão de 1989; depois, foi o Campeonato
Paulista de 1990.
A sobriedade no meio-de-campo rendeu a Mauro Silva a chance
de jogar no Exterior: em agosto de 1992, foi vendido para
o Deportivo La Coruña, da Espanha. Sua identificação
com o clube espanhol foi tão grande que em 1994 o técnico
da equipe, Arsênio Iglesias, chegou a declarar: "Se
eu tivesse dez Mauro Silva na equipe, ganharia dez campeonatos".
E os torcedores do time da Galícia não demoraram
muito para colher os bons frutos do time e transformar Mauro
Silva em herói: nesse mesmo ano, o La Coruña
perdeu o título espanhol na última rodada para
o Barcelona. Um empate sem gols com o Valência daria
o título ao Barça, e por uma infelicidade Djukic
perdeu um pênalti para o La Coruña no finalzinho
da partida. Mas o grito de campeão veio na temporada
de 1999/2000, quando o La Coruña conquistou o Campeonato
Espanhol, o primeiro da sua história.
Seleção Brasileira - Mauro Silva estreou na
Seleção Brasileira no dia 27 de março
de 1991, em um amistoso contra a rival Argentina, em Buenos
Aires, que terminou empatado por 3 a 3. Faltando três
meses para a Copa América, o técnico Falcão
foi substituído por Carlos Alberto Parreira, mas Mauro
Silva se tornou um dos homens de confiança do novo
treinador e peça-chave no meio-de-campo do Brasil.
Em 1994, veio a consagração com a conquista
da Copa nos Estados Unidos.
Vencer uma Copa do Mundo e ser apontado pelo mito argentino
Di Stéfano o melhor atleta do Mundial de 94 é
um privilégio que só mesmo esse guerreiro poderia
ter.
É por isso que, por onde passa, o sorriso sério
e o futebol determinado do volante Mauro Silva Gomes é
recebido com aplausos por torcedores, companheiros e técnicos.
Defendendo a seleção, ele também conquistou
a Copa América de 1997, que foi disputada na Bolívia.
O técnico Luiz Felipe Scolari também esperava
contar com a experiência do volante na Copa América
de 2001, na Colômbia, mas momentos antes do embarque
o jogador decidiu não viajar, alegando não estar
preparado psicologicamente para enfrentar um suposto clima
de violência que estaria instalado naquele país.
Essa pode ter sido a última imagem e a despedida
do guerreiro na Seleção.
|